Es de noche. Una de las luces de la calle titila hasta que por fin
se apaga. Igual, con lo que iluminan los otros faroles se puede ver bien. No
camina nadie por la vereda ni pasa ningún auto. Lo que sí, hay dos ratas en el
jardín de entrada de una vieja biblioteca pública. Una tiene ojos rojos y pelo marrón
más bien crecido. La otra, apenas más pequeña, tiene ojos oscuros, es gris y de
pelo corto. Pasan del pasto al cemento de la entrada. Suben los seis escalones hasta
quedar frente a la puerta de madera.
RATA MARRÓN: Se puso fresco, ¡eh!
RATA GRIS: Si, está para hacer cucharita.
R.M.: Yo tengo una fija. Quizás me mando para su cueva después.
R.G.: ¿Quién es?
R.M.: No, no la conocés. Es una que va a comer al conteiner de la
Shell.
(RG mira para para el suelo y se agarra el labio inferior)
R.G.: …
R.M.: ¡La Shell de Nazca!
R.G.: Ah! Ya sé cual decís. Si. ¿Y hace mucho se conocen?
R.M.: No. Desde el martes pasado.
Yo venía de haber estado masticando un zapato que encontré colgado de un
cable...
(RG
lo interrumpe)
R.G.: ¿Sabías que eso lo ponen los que venden falopa?
R.G.: ¿Cómo estaba?
R.M.: Impresionante. Tenía un extra de pegamento que me dejó dado vuelta.
(RG hace el gesto de
Alfonsín)
R.G.: ¡Qué barbaro! ¿Sabés hace cuanto que no muerdo una buena
suela?
R.M.: Y, es difícil.
R.G.: Si, yo dejé porque ya estaba haciendo cualquiera. Una vuelta
venía de morder un mocasín. ¿Y sabés la que hice? ¡Me le planté a un Bulldog!
R.M.: ¡No!
R.G.: Si, estaba re jugado. Me sentía una comadreja.
R.M.: ¿Y que pasó?
R.G.: ¡Y que cobró! Pasa que estaba viejo.
R.M.: Claro. ¿Mirá si te tocaba un gato de descampado?
(RG señala a RM como
dándole la razón)
R.G.: Por eso dejé. Pensé en las crías viste. Hay que alimentar sesenta
bocas y encima andar en la gilada.
R.M.: Si, te entiendo.
R.G.: ¿Y que pasó con la del conteiner?
R.M.: ¡Ah! Yo venía de morder el zapato, ¿viste?
(RG escucha atento)
Y estaba flashando con unas palomas que
estaban paradas en un semáforo. Les hacía el ruido que hacen ellas. U-u-uuu.
U-u-uuu.
R.G.: jaj! ¡Te sale igual!
R.M.: ¿Viste? Me di cuenta esa noche. Es que con el pegamento escuchás
otras cosas.
(RG se toma la cabeza con sus patas rosadas)
R.G.: Ni me digas que me agarra una desesperación…
R.M.: Uh, Perdón. Bueno, y habré estado como media hora. Y te juro
por Splinter, ¡me respondían los bichos!
R.G.: ¡Que groso!
R.M.: Y al final me agarró terrible bajón… y me acordé que a esa hora
tiran la basura en la Shell. Y como estaba cerquita me mandé. Me subí al
conteiner y ahí la vi.
R.G.: ¿Está buena?
R.M.: Tiene buena cola y de cara zafa.
R.G.: ¿Pelo corto?
R.M.: Largo. Blanco.
R.G.: ¿Ojos?
R.M.: Rojos.
R.G.: Un seis.
R.M.: Seis cincuenta.
R.G.: ¡Bien! ¿Y?
R.M.: Y nada. Ella olió que yo quería coger y yo olí que ella también.
Y cogimos.
R.G.: ¡Que bueno!
R.M.: Después bajamos a oler un poco de nafta y nos fuimos.
R.G.: Uuh, ¿sabés hace cuánto no huelo nafta?
R.M.: ¿¡Vamos!? Creo que hoy llenaban los surtidores.
R.G.: Dale. Con tal de no volver a morder zapatos.
(Las dos ratas bajan
las escaleras, cruzan el jardín, trepan por la enredadera de la pared y
desaparecen detrás de un arbusto grande)
::Fin::
se sabe que la rata de la Shell de Nazca es un solido 8
ResponderEliminarpor Splinter que no me deja mentir!