Bajo del colectivo cerca de plaza Almagro. Camino algunas cuadras
hasta que leo el cartel. "Lo de Dios". Si no fuera por el cartel se
confundiría con el resto de las casas.. Entro por la puerta doble (bien amplia
y con cortinas). Tengo el sobre papel madera A4 bajo el brazo. Adentro,
lo primero que veo es un surtidor de YPF todo oxidado apoyado contra una
columna. Es parte de la decoración. De fondo suena un tema lento de los Stones.
El salón está casi vacío, excepto por una pareja sentada en una mesa al fondo.
Camino hasta la barra (a la izquierda del salón). Detrás del mostrador hay un
tipo morocho.
-Buendía, vengo por… -pero me interrumpe.
-Lo está esperando -dice y señala una escalera al costado de
la puerta de entrada que yo no había visto. Cuando estira el brazo veo que
tiene un prendedor ajustado en uno de los tiradores negros que dice “Monzón”
(La camisa blanca, impecable).
-Gracias -le digo a Monzón y enfilo para el primer piso.
La escalera está repleta de cuadros de cervezas de todo tipo. En
cada uno está la firma del autor. Encuentro la cerveza de Mattise, la cerveza
de Van Gogh, la cerveza de Picasso (esta última es más parecida a un barco
chocado que a una botella. Pero es de las más coloridas). Llego hasta un
pasillo largo en el primer piso. A la derecha están los baños. El de mujeres
tiene un sombrero con flores. El de hombres un sombrero de copa y un bastón
(está fácil). Llego hasta la puerta del final del pasillo. Me acomodo la ropa,
respiro profundo... Vamos. Quiero golpear la puerta con el puño, pero se abre
justo cuando le estoy por pegar.
-Adelante -la voz es firme y tranquila.
Entro en una oficina grande. Un sujeto desaliñado de barba y pelos
blancos, con chomba azul está sentado detrás de un escritorio de madera oscura.
Me mira fijo.Tiene un mono gris chiquito en el hombro, atado a una soga.
El mono se alerta un segundo cuando me ve, pero de inmediato vuelve a su
tarea. Parece estar acicalando al barbudo. Una computadora sobre el escritorio,
teléfono, estantes, cosas de oficina.
-¿Dios? -le pregunto mientras lo señalo con el dedo. No debería
señalarlo con el dedo. Dios me responde con una sonrisa y una gratitud
infinita.
-Le traje el curriculum porque había mandado por mail, pero me
pareció que si venía hasta acá… Así se lo daba en mano. Mejor, ¿no? -Dios me
observa como quien ve dormir a un bebé. Saco el curriculum del sobre. El mono
deja de masticar, salta al escritorio y se abalanza sobre la hoja de papel. La
soga se tensa, pero no llega a ahorcarlo (Dios está en todo, pienso). Le pasa
mi curriculum y vuelve a su tarea.
-Trabajé en varios lados de camarero y sé un poquito de inglés
-Dios levanta la vista del papel. Me ve directo a los ojos. Mantiene el gesto
pero ahora está más parecido a un adolescente drogado. Sigue con la lectura.
Miro al costado. Hay una puerta que da a lo que parece un
vestidor. Y más allá un baño. El mono mueve rápido los dedos entre los pelos
del Señor hasta que encuentra una pulga o algo así, y para. Se come al bichito
y sigue. Dios ni se mosquea. De pronto veo que respira hondo, apoya el
papel en el escritorio y me mira. Sigue con esa cara, esa sonrisita. Es
fachero, pero está muy desprolijo.
-¿En serio me dice? ¡Que grande, Diosito! ¡Que alegrón me está
dando! No sabe lo que significa este laburo para mí. En serio, le digo. ¡No se
vas a arrepentir! -Creo que Dios está a punto de llorar. La sonrisa casi no le
entra en la cara. Entonces le digo- ¿Y cómo hacemos?
-Venite el lunes a las cinco y ahí vemos.
-El lunes tipo cinco de la tarde. Perfecto -le respondo.
Dios asiente despacio.
-Nos vemos entonces. Mil gracias, en serio -le doy la mano
fuerte. Me estoy por ir pero no puedo evitar decirle- una preguntita me
quedó.
Dios me escucha atento.
-¿Por qué la soga? -y le señalo al mono.
Yo me quedo pensando y le digo que si con la cabeza, salgo y
cierro la puerta. Hago con los puños como festejando un gol y casi que me
tiento de lo contento que estoy. Camino por el pasillo dando unos saltitos.
Mientras bajo la escalera me llega un mensaje directo al cerebro. “Guarda con
el morocho que es medio peleador”. Trato de contestarle. “No se preocupe. Nos
vemos el lunes”, pero como nunca usé la telepatía no se si le llega. Llego a la
planta baja. La pareja sigue ahí. Me acerco a la barra.
-Me tomó -le digo a Monzón que mientras escurre un trapo.
-Nos vemos, entonces -me dice.
-Nos vemos el lunes -Y le hago un saludo con la mano a Monzón y
por la emoción le hago a la pareja también. Voy hasta la puerta y salgo. Afuera
está lindo. Que alegría. Por fin una que se me da.
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