¡Arriba
Preciosa! Está lloviendo, pero vamos a salir igual. Es este domingo. Nos faltan
tres días nomás y tenemos que mejorar los últimos cincuenta metros. Tomá, te
traje cubos de zanahoria. Se digiere mejor. Estás hinchada las pelotas de tanto
balanceado, ¿no? ¡Ah! No te conté. Parece que el domingo viene. ¿Quién va a
ser? ¡Ella! No me contó nadie. Yo dije en Facebook que corría, que estaban
todos invitados y Ella puso me gusta y después escribió que iba a tratar de
venir. Que caradura, ¿no? Venir después de todo este tiempo. Yo no le puse
nada. No sé si quiero que venga. ¡Mirá como tenés ahí! ¿Otra vez te manchaste?
¿Donde está el cepillo? Es que también, mirá como están las paredes. ¿Para qué
les pagamos a estos tipos? Y vamos a ver, Preciosa. Para mi que viene. Hay
que sacarle por lo menos una cabeza al tarado ese. Ayer nos cruzamos saliendo
para la pista, y ni lo miré. ¿Sabés qué? Bandida está gorda. Tres kilos arriba
por lo menos. La vi correr y se le nota. Está pesada. Pero igual, nosotros
tenemos que pensar en nosotros. A fondo, regulamos y a fondo. Más que nunca hay
que concentrarse en la estrategia. Tenemos que lucirnos este domingo, Preciosa.
Sacarle un cuerpo o dos a la gorda Bandida. ¿Te imaginás? Con Ella mirando.
¿Sabés qué, Preciosa? ¡Que venga! Que venga y que vea que
se equivocó. No se qué le vio al tarado ese, pero el domingo le vamos a
mostrar que se equivocó. Que se quedó con el perdedor. Si, que venga. Con tres
kilos arriba la carrera es nuestra. ¿No, Preciosa? ¿No es cierto que la carrera
es nuestra?
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