¡No! Claro que no, zapallito.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Ayrton


Ayrton, un chico de unos ocho años de edad, vive en una casa cerca del centro. Su pieza está empapelada con decenas de dibujos de autos famosos, modelos en los que triunfaron los mejores pilotos de la historia. Ayrton, con su piyama de corredor de autos, aprovecha que sus padres gritan en la cocina para robarle unos minutos a la hora de dormir. El pequeño se mete debajo de la cama con una linterna y con su libro "Circuitos Profesionales". Repasa mentalmente una y otra vez las pistas más importantes del mundo. "Suzuka, Japón. Largada x 80 metros. Giro a la derecha x 43 grados... Río de Janeiro, atención con curva y contra curva, salida de la recta a fondo x 225 metros... Mónaco. Largada. Cuidado con la Santa Devota a la derecha. Subida complicada". Y así está, hasta que escucha que la puerta de la cocina se abre y los gritos pasan al pasillo. Entonces sale de abajo de la cama, apaga la linterna y se cubre con las sábanas. Su padre llega hasta la entrada de su pieza. El pequeño se hace el dormido. Tiene el libro abrazado al pecho. El padre suelta gritos e insultos mientras cierra la puerta. El pequeño abre los ojos. Gracias a la luz de la noche que se filtra por la persiana puede ver los dibujos pegados en la pared. Afuera siguen los gritos. Apoya el libro en el suelo, se da vuelta para quedar de frente a la pared y dice en voz muy baja "Bélgica, recta larga. Chicana a la derecha. Curva abierta x 20 grados...". Así, durante un rato, hasta que por fin se duerme.

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