Julián y Marcos están en la cabina del camión de basura. Esperan a
su compañero que está a la vuelta de la esquina, quemando el medio aguinaldo en lo de Raquelita:
(Marcos, en el asiento del conductor, intenta sacarse una mancha negra del brazo. Julián, a su derecha, lee
una revista que encontró en la calle hace un rato)
JULIAN: “Amsterdam es un sueño del que no querés despertar jamás”.
MARCOS: ¿De dónde sacaste esa mariconada?
JULIAN: Acá dice.
(Le muestra la revista. Marcos se pone medio a la defensiva. Sigue obsesionado con la mancha)
MARCOS: ¿Y quién dice eso?
JULIAN: Nadie. Es de una propaganda que hay acá.
MARCOS: …
JULIAN: ¿Te gustaría conocer Amsterdam, Marcos?
MARCOS: ¿Con vos?
JULIAN: Con cualquiera.
(Marcos, orgulloso, señala el banderín azul y amarillo colgado en el espejito)
(Marcos, orgulloso, señala el banderín azul y amarillo colgado en el espejito)
MARCOS: Si engancho a Boca en el cable, sí. A cualquier lado voy.
(Julián no le presta
mucha atención)
JULIAN: A mí no me importa si dan a Boca. Yo quiero conocer otros
lugares. ¿Viajaste en avión alguna vez?
MARCOS: Una vez mi viejo nos llevó a mí y a mis hermanos al Ital
Park. Más que un avión era un cohete. Y no despegaba. Pero se movía que daba miedo.
Si hasta uno se tuvo que bajar por los vómitos.
(Marcos se tienta al acordarse)
JULIAN: No, yo digo uno de verdad, Marcos. Nunca me subí a un
avión de verdad. De chico iba con mi abuelo a ver como aterrizaban ahí al lado
del río. Nos quedábamos toda la tarde.
MARCOS: Medio embole.
JULIAN: Si, a veces si. El viejo se ponía insoportable. Me contaba
historias del año del pedo.
(Marcos agarra su paquete de cigarrillos
de la luneta. Saca un porro como para cuatro, lo prende, y le da varias pitadas.
Julián mira pensativo por su ventanilla. Tiene la revista apoyada en las
piernas. Justo ve pasar un avión a lo lejos, en medio de la noche)
JULIAN: ¿No te dan ganas de que exploten los aviones cuando están volando?
MARCOS: Siempre.
JULIAN: A mi también ¿Por qué será?
MARCOS: No sé. Para mi es como cuando ves a alguien hacerse el
canchero, que te dan ganas de que se tropiece.
JULIAN: Puede ser.
(Marcos estira la mano y le pasa el porro
a Julián)
MARCOS: Guarda que tira mucho
JULIAN: Una vez vi un programa de Marley que viajaban a Amsterdam.
No sabés que lindas las calles chiquitas, los arroyitos. ¿Viste que acá no hay arroyos?
MARCOS: Están todos bajo tierra. Salen cuando llueve.
JULIAN: Hay que ser boludo para meter los ríos abajo de las calles.
¿No, Marcos? En eso los europeos están un paso adelante.
MARCOS: Si, pero nosotros tenemos a Messi.
(Julián tiene la boca llena de humo así
que asiente con los ojos bien abiertos para darle la razón a Marcos. Le pasa
el porro al conductor. Marcos le da una pitada mientras toca un bocinazo que espanta a un gato
que cruza la calle. El felino corre y se esconde debajo de un auto abandonado)
JULIAN: Otra que te mostraba Marley de Amsterdam, eran los locales de porro.
MARCOS: ¿Locales de porro?
(Marcos se acomoda en su asiento y se da
vuelta para estar de frente a Julián)
JULIAN: Si, son unos bares que te metés y le pedís a la moza que
te traiga el porro que más te guste. Tenés cientos de gustos. Vos elegís y listo. Te lo sirven en la mesa.
MARCOS: ¡No!
JULIAN: Si, y después mostraban que hay una calle llena de
vidrieras con miles de Raquelitas ahí puestas, para que vos te sirvas.
MARCOS: Me jodés.
JULIAN: No, te juro que es así. Salió en la tele.
MARCOS: Me jodés.
JULIAN: No, te juro que es así. Salió en la tele.
(Marcos medita un
segundo)
MARCOS: ¿Y habrá mucha basura que levantar en Amsterdam?
JULIAN: No creo. Marley decía que es una ciudad muy limpia.
MARCOS: Cagamos entonces.
JULIAN: Que lástima. ¡A Amsterdam deben ser por lo menos cuatro horas en avión! ¿Te imaginás, Marcos?
MARCOS: Groso, Julián. Muy groso.
MARCOS: Cagamos entonces.
JULIAN: Que lástima. ¡A Amsterdam deben ser por lo menos cuatro horas en avión! ¿Te imaginás, Marcos?
MARCOS: Groso, Julián. Muy groso.
(El compañero aparece por
la esquina. Está recién bañado. Marcos le hace luces. Se sube al camión y arrancan)
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