Son como las tres de la mañana. Casi no hay gente por la
calle. La luz amarilla de los faroles ilumina a dos ratas que descansan sobre
un cartel de un local de lencería para mujer. Rata Marrón tiene los ojos rojos
profundos apuntando para arriba. Mira una estrella que titila. Rata Gris se
rasca los bigotes con las dos manos.
RATA
MARRON: Sueño con una prosa limpia.
RATA
GRIS: ¿Qué?
RM: Sueño
con una prosa limpia y pura.
(sin sacar la mirada de la estrella titilante)
RG: ¿Dónde
aprendiste esa palabra?
RM: ¿Limpia?
RG: No.
Prosa.
RM: Ah, la
leí la otra vez en una revista, en unos de esos contenedores que pusieron.
RG: Me
asustaste creí que se te había dado por la poesía.
RM: No, te
estaba jodiendo.
RG: ¿Los
contenedores verdes nuevos?
RM: Si.
RG: ¡Se
coge mucho ahí!
RM: ¡Se
coge mucho en esos contenedores!
RG: Yo
pasé hace unos días. Había dos Ratas y un Coballo medio en una.
RM: ¡Qué
loco los coballo! No entiendo de donde salen…
RG:
¿viste? Está lleno.
RM: Para
mí que se les escapan a los nenes de jardín.
RG: Yo había
escuchado que se hacen los muertos.
RM: ¿Cómo
es eso?
RG: Si.
Que se acuestan en la jaula, se ponen duros como un palo, con las patas estiradas y hacen cara de mirar hacia la nada.
RM: ¡Ja! ¡Como
tu cara de pegamento!
RG: Si,
pero sin el flash. Cuestión que cuando los nenes los encuentran así se ponen a llorar. Vienen los papás y le dicen que no pasa nada, que el coballo está durmiendo.
RM: ¡Que avispados!
RG: Si. Y después Cuando los nenes se duermen meten al coballo en una bolsa negra y lo tiran a la calle. Ahí los bichos se despabilan y al toque de que los apoyan en la vereda muerden la bolsa y ya está. Son libres.
RM: ¡Qué bárbaro!
RG: Muy digno.
RM: ¡Que avispados!
RG: Si. Y después Cuando los nenes se duermen meten al coballo en una bolsa negra y lo tiran a la calle. Ahí los bichos se despabilan y al toque de que los apoyan en la vereda muerden la bolsa y ya está. Son libres.
RM: ¡Qué bárbaro!
RG: Muy digno.
RM: Como
la película esta…
RG: ¿Cuál?
RM: La que
actúa este que estuvo en el Club de la pelea.
RG: ¡Ah! Eh... Edward Norton.
RM: ¡Ese!
RG: Si, la
vi. Que se escapan de la cárcel. Muy buena.
RM: Si.
Como actúa el loco ese...
RG: Es
crack.
RM: Che, que
valientes los coballos. Me dejaste pensando. Yo no podría. Creo que soy claustrofóbico.
RG: Pero
es distinto. Nosotros nacimos en estado salvaje. Ellos son de cautiverio.
RM:
Claro... Así que, mirá vos. Y eso que parecen medio gilazos a simple vista.
RG: Los prejuicios...
(silencio reflexivo)
Hay algo romántico en el escape
de los coballos.
RM: Te
quedás corto.
RG: A mí
me gustaría pasar por algo así. Esas experiencias que te cambian la vida para
siempre.
RM: ¿Y el
ataque del gato de descampado?
RG: Bueno,
eso me cambió. Pero yo quiero más.
RM: ¿Qué
te gustaría?
RG: No sé.
RM:
Soñemos. ¡Soñemos, compañero!
RG: Quiero vivir algo fuerte.
RM: Si, lo
veo.
RG: Algo
grande, en serio. Como cagar en la sala de Diputados en medio de una sesión. Pero
mejor.
RM: ¡Si!
RG: Algo nuevo. ¡Una aventura!
RM: ¡Si,
Si!
RG: ¡Quiero
viajar! ¡Quiero recorrer el mundo!
RM: ¡¡Si!! ¡Me encanta!
RG: ¡Y
probar los pegamentos de zapatos de otros países!
RM: ¡Me está
subiendo el pegamento de hoy!
RG:
Imaginate, vos y yo, cruzando los cables de una esquina en París, o mejor... de Montevideo
RM:
Montevideo…
(RM mira
de nuevo la estrella titilante)
No sé que es. ¡pero me encanta Montevideo! ¡Debe
tener el pegamento más fino de todo el mundo!
RG: Si. Y
lo mejor es que los zapateros de allá duermen la siesta.
RM: “Si se
duerme el zapatero…
JUNTAS: …zarpale
la lata…”
(Entre
risas chocan sus patas descoordinadamente)
RM: Pará,
pará. ¿Y cómo hacemos?
RG: ¿Cómo
hacemos con qué?
RM: ¿Para
llegar al Montevideo este?
RG: Yo sé
de unas lanchitas que van para allá.
RM: ¡¿Es
cruzando el río?!
RG: Del
otro lado.
RM: ¡¡Me
muero, bien muerta!! ¿¡El río que se ve desde los puestos de bondiola?!
RG: Ese río.
RM: ¡No te
la puedo…!
(RG asiente con una sonrisa)
¡Siempre quise
saber que había del otro lado!
RG: La
República de Montevideo, Rata Marrón.
(con ciertos aires)
RM: ¡Si
serás culta!
RG: De
cuando robaba comida en un colegio. Algo te queda, ¿viste?
(silencio)
RM: Entonces... ¡Vamos a ser polizones! ¿Te das cuenta?
RG: Como
las ratas de antes…
RM: ¡Me
muero acá mismo! ¡Que Flash! ¿¡Nos vamos a Montevideo!? ¿Te das cuenta que esto
nos va a cambiar la vida para siempre?
RG: Como a
los coballos que se hacen pasar por muertos…
(Rata Marrón de pronto baja los hombros. Una sombra de preocupación
le gana la cara peluda)
Ey… ¿que pasa?
RM: Y… las criaturas.
RG: Y si... no es fácil hacer abandono de hogar. Pero bueno. Allá no sabés. Quizás conocés
una ratita.
RM: Acá ya
tengo varias familias…
RG: Si, yo
también. ¿Pero no es esta la oportunidad que estábamos esperando?
RM: Puede
ser…
RG: ¡Hay
que arriesgar! ¿O vos te pensás que los coballos están seguros que los tiran en
bolsas? ¡No, señor! A veces los entierran o peor, se los tiran a los gatos de
descampado. Pero los tipos van y se la juegan. Y si sale, sale.
RM: Si,
puede ser.
RG: Es
así. Haceme caso. Además escuché que las ratas de Uruguay son más gauchitas.
RM: ¿Más
que las de acá?
RG: Mucho
más.
RM: Acá se
coge bien.
RG: En
Montevideo se coge más que en La Plata.
RM: ¡Callate!
RG: Te lo
juro por mi última camada.
(Rata Marrón mira para un costado rascándose los
bigotes con las dos patas)
RM: No sé…
RG: No la
pensés tanto.
RM: Vos
porque sos del cuerpo. Yo soy más mental.
RG: …
RM: …
RG: …
RM: … Bueno,
dale.
RG: ¡¡¡Si!!!
(RG se tira a los saltos sobre RM, que se deja abrazar)
RM: Buenos
pero perá, perá. Una condición.
RG: Si, decime.
(RG trata de concentrarse a pesar de la excitación)
RM: Vamos
en Metrobús hasta la lanchita.
RG: ¡Como
te gusta el Metrobús, Rata linda! ¡Vamos en Metrobús!
RM: ¡Eso!
¿Sale de Retiro?
RG: Ahí
cerquita.
RM: ¡No lo
puedo creer!
RG: ¡Rata
Peluda nomás! Esto lo voy a escribir en mis memorias.
RM: Tendríamos
que pasar por el chino para llenarnos la panza antes de salir.
RG: Si, es
buena. ¡Que groso todo!
RM: ¿¡Y
pegamento¡?
RG: Tengo
un descarte en el medidor de luz de la estación.
RM: ¡Un
zapatito para el viaje! ¡Jaa! ¡Qué bien que estamos!
RG: ¡Nos
vamos a Montevideo, Ratón!
RM: ¡Nos
vamos a Montevideo!
Las dos ratas trepan por la medianera y avanzan por un cable
de luz en dirección a la avenida. Los chirridos estridentes se confunden de a
poco con los habituales sonidos de la noche porteña.