¡No! Claro que no, zapallito.

lunes, 27 de agosto de 2012

Ratas


Es de noche. En la calle no camina ni un alma, ni pasa ningún auto. Lo que sí, hay dos ratas en la vereda. Una tiene el pelo marrón bastante crecido y los ojos rojos. La otra es más bien pequeña, más bien grisácea, de ojos marrones y pelo corto. Están en estado de alerta. Olfatean algo que las hace parar en sus patas traseras. De pronto, un gato negro sale desde atrás de un cantero. Las ratas se sobresaltan, corren hasta un palo de madera que está cerca. Trepan por un cable pegado al poste. El gato salta detrás de ellas, sube unos metros, pero ahí se queda. Baja medio torpe, frustado. Las ratas, desde la punta del poste, donde se cruzan unos cables, ven al gato negro que se queja y camina en el suelo.

RATA MARRON: ¡Que manía, viejo! 

RATA GRIS: De no creer.

R. M.: Y agradecé que este es medio vago y no subió.

(R.M. arranca unas astillas del poste de madera)
   
                              ¡Tomá!

(Arroja las astillas que planean unos instantes y caen sobre un auto estacionado)

R. G.: ¡Ja! ¡Le diste al auto!

R. M.: Si, estoy con mala puntería últimamente. En serio che, ¡que manía la de estos bichos!

R. G.: Y sí… es peligroso.

R. M.: ¡¿Peligroso?! No es sólo peligroso. ¡Es terrible! ¡Debería estar prohibido! ¡Todas las noches lo mismo!

R. G.: Pasa que es instintivo, ¿viste?

R. M.: Y bueno, pero con ese argumento… hasta Hitler estuvo bien con ese argumento.

R. G.: No, lo de Hitler no fue por instinto. Los humanos no hacen nada por instinto. Excepto en los bailes que por ahí alguno le toca el culo a una mina, en general son muy de la cabeza.

R. M.: No me parece. ¿Nunca viste a un colectivero?

R. G.: Si, ¿qué pasa?

R. M.: ¿Me vas a decir que un colectivero es muy de la cabeza?

(R.M. empieza a hacer como que maneja un colectivo)

                               ¡Dale papi, subí que nos vamos! ¡¿Qué me dijiste?! ¡Mirá como lo encierro a este pelotudo! ¡Subí que te cago a trompadas! ¡Mirá esa morocha! ¡Te cojo toda morocha!

R. G.: No son todos así...

R. M.: La mayoría.

(R.G. se sonroja un poco pero gracias al pelaje no se le nota)

                               Son puro instinto.

R. G.: Bueno pero son los únicos. El resto de los humanos son más bien enroscados. Mucho balero.

R. M.: Si, eso si. La otra vuelta estaba cagando en una lata de café en la casa del colorado…

(R.G. lo interrumpe)

R. G.: Pará. ¿Qué colorado?

R. M.: El que vive con la vieja, acá. En…¡ay! No me sale…

R. G.: ¿El de Lausana?

R. M.: ¡Eso! ¡Pasaje Lausana! No me salía.

R. G.: ¿y qué paso?

R. M.: Nada yo estaba cagando en la lata de café y él hablaba por teléfono con una minita. ¡Un enroscado!

R. G.: ¿Pero qué le decía?

R. M.: No sé, le daba vueltas, ¿viste? ¡Invitala a coger colorado!

R. G.: Si, es raro.

R. M.: ¡Se enroscan! Es muy de su especie. Yo, ponele esta semana me encamé cerca de cincuenta veces.

R. G.: Si, yo también. Por ahí.

R. M.: ¡Y claro! Así tienen que ser. Y por como venía la mano, creo que no la puso.

R. G.: Pobre colorado.

(Abajo se abre la puerta de un edificio de enfrente. Sale una mujer de unos veinte años. Cierra con llave y se va caminando por la vereda para la izquierda)
                        
                       ¡Iba con todo!

R. M.: No sé, de lejos le doy. Che, tengo hambre.

R. G.: Podemos ir al Coto que ya cerró. Hoy entraban más Toddy´s.

R. M.: ¡¿En serio?! Dale, que me hace ruido la panza.

(Las dos ratas se alejan caminando sobre un cable de luz)

::Fin::


No hay comentarios:

Publicar un comentario