Arragó vivía sin darse cuenta. Esto, en cualquier caso, podría ser un problema. Acá no. Nunca una persona fue tan querida; en este, ni en ningún otro lugar. Porque no era cualquier amor. Era incondicional. Como el que se tiene por un perro bueno. Y pienso que sólo a un ser humano con una idiotez de ese calibre se lo puede querer así. Tan amor de perro. Y tuvo suerte Arragó que de pronto nació y con tanto amor dando vuelta, ya estaba condenado. Iba a ser feliz.
“El Arragó era especial. Y alguno´ decían que no,
pero yo sé que estaba bien de la cabeza. Si hasta lo hicimo´ ver por uno que
sabe y nos dijo que estaba sanito, que le demo´ agua limpia y comida, que él
iba a andar bien. Eso nos puso contentos. Imaginate. Andábamo´ medio
preocupado´ al principio. Pero despué´ ya lo dejamo´ que ande libre. Le costó
un poco, pero al tiempo se ada´tó. Si era buenito.
Andaba en manada, me acuerdo. Lo´ otro´ animale´ lo
habían acepta´o primero, y gracia´ a la experiencia y a que sabía abrir puertas
quedó como líder de los cuadrúpedo´. Anduvo medio agrandado primero. Eso sí.
Pero un gaucho medio malito lo puso de nuevo en el camino. Ahí aprendió el
perro Arragó que lo que se tiene, no le pertenece. Ni a él, ni a nadie. Y le costó un
chichón nomá´.
Por ahí decían que el Arragó ni se daba cuenta que
estaba vivo. Yo pienso que él estaba máj allá, o máj acá de todo eso.
Vivía simple. Comía las sobras, o algún ratoncito, perdice´, lo que haiga. A la tarde le gustaba
ir con lo´ otro´ perros a la laguna a molestar a los patos. Volvía todo mojado,
me acuerdo, matándose de risa sobre las patas de atrás, con pluma´ jen la
mano, la camisa blanca toda rota y los pantaloncitos cortos lleno´ e barro.
Que felicidad te daba el bicho ese.
A veces lo veías mirando las nubes. Y ahí sí te
agarraba la duda porque ponía cara ´e serio, como pensando. Pero enseguida le
gritabas: “¡Arragó!” y el otro venía corriendo, babeando y te saltaba encima...
Que pena me da hablar de esto. Me va´ jacer lagrimear.
Y si. Un día se me escapó. Apareció una que nunca
habíamos visto por acá. Andaba como el Arragó, así media encorvada. Rubia me
acuerdo que era. Nos llamó la atención porque también andaba sobre las patas de
atrá´. Estuvo merodeando unos días cerca del molino. Yo la vi varias vece´ esa
semana. Y el Arragó andaba como loco. Olfateaba, lloriqueaba pa´l lado del
molino. Se ve que algo sabía el picho. Y un día nos despertamo´ y él ya no estaba.
A veces cuando estoy bien metido en el campo, por
ahí, a lo lejos, veo la figura del Arragó. Por un segundo ej´ él. ¡Volvió! Se
había quedado todo este tiempo persiguiendo patos. Pero después miro bien y no.
Es un tronco o un ternero que anda por ahí.
Te digo por las dudas, porque sé que vos sos de
otro lado y él ya no anda por acá. Ej´ un poco máj´ alto que yo. Camina así.
Medio torcido. Tiene el pelo bastante largo. Marrón. Barba y ojos claros. Debe estar flaco. Responde cuando le
decís Arragó... Que lástima me da, che. Un perro tan bueno."
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