¡No! Claro que no, zapallito.

lunes, 13 de agosto de 2012

Sapo viejo


Búsquese un lago sin mucha ola. Lago o laguna, que el río y el mar te hacen quedar como un repollo viejo. Cuando encuentre el lugar apropiado baje hasta la orilla. Asegúrese de que haya mucha piedra chiquita en la costa. En lo posible empiece a evocar en su conciencia a un viejo amor, que esta actividad es de esencia nostálgica. Si es un viejo amor fuerte de esos que duelen, mejor. Conserve la imagen. Regodeece un instante en ese sufrimiento. El dolor predispone al cuerpo para un tiro sin precedentes. Mire hacia abajo. ¿Hay muchas piedras, está usted triste? Perfecto. Vaya como tanteando con la punta del zapato que hay mucha trampa en esto. La piedra tiene que ser redondeada y chatita, como una "pepito". Los cortes irregulares, son nuestros enemigos, los repollos viejos. ¿Ya está? ¿encontró la piedra? Venga. Acérquese, pero no meta los pies en el agua. ¿Ve las montañas? acomódese el gorro que le entra el viento. Ahora si. Póngase acá. Recuerde al viejo amor. El gesto pesado, los hombros bajos. Tome la piedra entre el dedo índice y el pulgar de su mano hábil. Agache el torso, tome impulso para un costado y descargue toda esa energía. ¡Eso! ¡Muy bien! ¿Cuánto hizo? ¿Cuatro "patitos"? ¿Cuatro nomás? No estará tan triste entonces. Y para la próxima: se dice "sapito". ¡Sa-pi-to!




3 comentarios:

  1. Quiero mas del "manual de la tristeza", mas y mas indicaciones para una tristeza mas profunda y sistematizada!

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  2. Sa-pi-to!
    Buena táctica, gran idea, bellas palabras.

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  3. Muy lindo Lean. Te felicito, un placer leerte.

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