No hablábamos. Cada uno usaba un lápiz de color. Las mismas hojas
de impresora vieja que de día usábamos para hacer dibujos y recortes, por las noches se transformaban en pergaminos de reflexión, un
marco troquelado ¿A4? de respeto absoluto.
Esperábamos que la puerta de la
pieza de “los mapas” (era nuestro código para hablar de los padres) se
cerrara y en medio de la oscuridad podía escuchar como mi hermano se paraba en la
silla del escritorio y agarraba, casi sin hacer ruido, una hoja de los estantes
más altos.
Yo, mientras, acomodaba la almohada sobre la lámpara de manera que
cuando la prendía la habitación quedaba en una penumbra que le daba a todo eso
un aire de ritual que nos llenaba de emoción y un poco de miedo.
Una vez en su cama, mi hermano me pasaba un lápiz de color y
el libro de Wally celeste para apoyar la hoja. Si yo usaba el celeste, él usaba el rojo. Wally 2. El
tamaño de esos libros era perfecto para escribir y te podías entretener mientras
el otro escribía. No sabíamos por qué hacíamos eso. Nos parecía normal. Lo que
deben hacer un par de hermanos antes de dormir.
Escribimos cientos, pero sólo tengo unas pocas guardadas. Hace
poco encontré un recorte de una hoja que no sabía que tenía. Hablábamos
sobre el atentado a la AMIA. Yo estaba asustado por los ataques en suelo
argentino. La inconfundible letra de mi hermano respondía a algo previo sobre el tema:
“tranquilo, no va a volver a pasar
-fueron
los militares, no?
-no se
-y si
pasa aca en el edificio?
-los mapas no van a dejar que pase acá, vamos a dormir
-apagas
despues que me duerma?”
Podíamos hablar de cualquier cosa. De los nacimientos, la nieve, los abuelos, los juguetes, las novias, los viajes espaciales, hasta de Dios hablábamos. Para eso estaba ese rato nuestro, para correr el telón de la cosa cotidiana y hacernos preguntas nuevas. Éramos chicos, y no sabíamos bien qué estábamos haciendo.
Que lindo Leio...
ResponderEliminarGracias Juli! beso!
ResponderEliminarsana envidia la de tener un hermano así. bah, así no, como sea. como pinte, pero un hermano. caí por la de oblogo, un saludo. es cómoda la letra así de grande, no me había percatado. saludos.
ResponderEliminarYo me pasaba horas hablando con leandro kohan antes de dormir, y podian pasar horas. De que hablabamos, no me acuerdo bien, pero era un "valetodo", era terapia. Que loco es encontrar esos momentos en la vida de un ñoño, donde hablan de la vida y la muerte y todo lo hacen asi nomas, sin ninguna dificultad.
ResponderEliminarSolo puedo decir desde el fondo de mi niñez "muerte a todos los mapas!"
los quiero mucho a esos dos nenes chateando con la almohada en el velador
ResponderEliminar<3